Matt Damon, quien da vida a Ulises, ha desvelado los detalles de cómo se rodó la escena del Caballo de Troya en La Odisea de Christopher Nolan. Esta secuencia promete convertirse en uno de los puntos fuertes de la adaptación del poema de Homero, llevando a la gran pantalla uno de los pasajes más célebres de la mitología griega.

Fiel a su filosofía cinematográfica, La Odisea se perfila como un homenaje a la artesanía, reduciendo al máximo el uso del CGI. Para lograr esa autenticidad, Nolan prescindió de los pantallas verdes y trasladó el rodaje a escenarios naturales de Grecia, Italia, Escocia, Islandia y Marruecos. Una apuesta por el realismo que llevó al equipo a filmar con embarcaciones reales en alta mar, obligando al propio reparto a aprender a navegar antes de ponerse ante las cámaras.

Esta fijación por la artesanía no coge por sorpresa a nadie a estas alturas. Al igual que estrelló un Boeing 747 real en Tenet, volcó un camión de 18 ruedas en pleno centro de Chicago para El caballero oscuro, construyó un pasillo giratorio a escala para Origen o recreó la prueba nuclear Trinity en Oppenheimer sin una sola pincelada de CGI, Nolan ha vuelto a llevar el realismo físico al límite para dar vida a la escena del Caballo de Troya.

“No sé cómo lo haremos”: La confesión de Christopher Nolan a Matt Damon sobre la escena del Caballo de Troya en La Odisea

El nivel de detalle y precisión con el que Nolan planifica sus superproducciones es legendario en Hollywood. Sin embargo, cuando llegó el momento de rodar uno de los pasajes más claustrofóbicos y esperados de La Odisea —el encierro de los soldados griegos en las entrañas del Caballo de Troya—, el director británico decidió romper sus propios esquemas y abrazar la improvisación.

Cómo se rodó la escena de el Caballo de Troya en La Odisea de Christopher Nolan
Universal Studios

Así lo ha desvelado Damon durante una entrevista para GamesRadar+. Según el actor, el día antes de filmar la emblemática secuencia no pudo evitar trasladarle sus dudas al cineasta:

«Esa fue la pregunta que me hice el día antes de empezar a rodar», recuerda Damon. «Le dije: ‘Mañana rodaremos el Caballo de Troya. ¿Cómo lo vais a hacer?’ Y Chris simplemente me respondió: ‘No lo sé'».

Damon continúa sobre la reacción del director:

«Fue una verdadera lección. Él dijo: ‘Vamos a meternos ahí y a ver qué hacemos'».

Lejos de tratarse de una falta de planificación, el actor asegura que fue toda una demostración de cómo Nolan, a pesar de gestionar presupuestos de cientos de millones de dólares, es capaz de improvisar en una superproducción como si de una película independiente se tratase.

«Tiene una habilidad increíble: entiende todos los elementos que va a necesitar, pero no impone nada», añade Damon. «Sigues teniendo la sensación de estar rodando una película independiente».

Sin trucos ni CGI

Llegado el día del rodaje, el equipo no recurrió a maquetas ampliadas ni a trucos digitales. Nolan, junto con el director de fotografía Hoyte van Hoytema y el grupo de actores presentes en la escena, se embutieron físicamente dentro de la reducida estructura.

«Entramos ahí, literalmente. Los chicos y yo nos metimos a la fuerza, y Chris se metió con Hoyte [van Hoytema], que llevaba la cámara. Así lo resolvimos», relata Damon sobre la intensidad del momento. «Esa sensación de claustrofobia se fue desarrollando de forma orgánica… Hoyte miraba a través del objetivo y Chris estaba justo a su lado. Lo crearon en tiempo real y fue genial verlo. Si lo hubiéramos planeado, no creo que hubiera tenido la misma energía».

Esta apuesta por la tensión orgánica y el espacio reducido promete convertir el pasaje del Caballo de Troya en uno de los momentos más viscerales e icónicos de La Odisea, donde la improvisación en el plató ha sido la clave para lograr las reacciones más genuinas del reparto.